1 de agosto de 2016

MIEDO

Miedo de que te canses de lo que hoy te parece adorable
De que te despiertes un día y no recuerdes por qué sigues aquí
De que quieras volar más alto, más lejos
De que puedas (y quieras) vivir sin mis besos y sin todo lo que estoy dispuesta a darte; mi paciencia, mi amor, mis años, mi vida
Miedo, quizás, de que un día me mires diferente y yo, sin querer, lo sepa
Miedo de que se rompa esto que tanto nos ha costado construir y que a la vez disfrutamos tanto haciendo
Pavor de que no tengas motivos para marcharte y, aun así, lo hagas

Terror de despertarme un día y que no respires a mi lado.

8 de julio de 2016

AL FINAL

Al final, la vida va de celebrar.
Apretar los dientes, esforzarte y celebrar.
Caerte, levantarte y celebrar.
Amar, perder y celebrar.
Soñar, llegar y celebrar.
Vivir, compartir y celebrar.
Al final, si te saltas el último paso, es como si hubieras vivido a medias.
Y al final de los finales, es como si no hubieras entendido nada. Sin el cómo. 

12 de mayo de 2016

PRINCESA DE SOTERRANI

Quan ets lluny de casa, t'agafes amb força a qualsevol cara que et resulti coneguda, a qualsevol so que soni, per un moment, a llar. Quan fa poc que ets lluny de casa passa això. Quan fa molt poc. La Carme ja no recorda quant temps fa que és lluny de casa. Recorda els ulls blaus del pare i les mans suaus de la mare, però la seva veu cada dia és una mica més lluny, més lleu, més apagada.
La Carme treballa netejant les oficines d'un edifici al Passeig de Gràcia. Dorm poc i plora molt. Cada dia, a 2 de 5 del matí l'alarma del seu mòbil la torna a una realitat en la qual no es reconeix. Una realitat que no li agrada. "Pip-pippip-pippip-pip". Obre els ulls, agafa alè i s'aixeca. "Un, dos, tres. Som-hi, un dia més. Un dia menys". S'ho repeteix mentalment un dia rere l'altre i a estones, fins i tot, s'ho creu.
La Carme és jove i té els ulls una mica menys verds que fa uns anys, però encara són espectaculars. Té el color de l'aigua de Menorca.
Agafa el metro cada matí a les 6 en punt, però avui són les 6 i un quart i encara no ha passat.
Diuen que si agafes un caragol de mar i te'l poses a l'orella, el pots sentir. La Carme veu com s'acosta el metro i també li sembla que el sent. El mar. Els dies de sal i felicitat. Sospira, es posa el diari a la bossa i s'asseu. Per un moment aquell record li fa obrir els ulls i mira al cel. Un cel blanc, en forma de sostre, i es pregunta: i si avui és el dia menys pensat?
Quan encara li queden 3 parades per arribar al seu destí, el seu company de seient la treu del seu núvol: "perdona, t'ha caigut aquest paper. Que tinguis un bon dia".
Abans que la Carme pogués reaccionar, el noi ja ha abandonat el vagó. La seva cara li resulta familiar. Per un moment pensa que serà el seu número de telèfon i s'enfada, perquè ella no està per aquestes coses. Però de seguida es treu la idea del cap. Com s'ha d'haver fixat en ella? Impossible.
Resignada i encuriosida a parts iguals, obre el paper, minuciosament doblegat i llegeix: "els teus ulls m'han fet tornar als estius de la meva infància. Als dies de platja o piscina. O ambdues. A les tardes interminables. A l'aigua de la Macarelleta. Als gelats de maduixa. A l'olor d'aftersun. A la sal a les pestanyes. Al clor al cabell. I t'estaràs preguntant per què t'explico tot això. T'ho diré. No entenc com una persona que té ulls d'estiu pot tenir mirada d'hivern. Recorda. Recorda qui ets. I torna-hi. Torna-hi sempre que puguis. Perquè els records són, amb tota certesa, els que moltes vegades ens salvaran de la vida.
Demà et veuré, com sempre, i espero veure una mica de primavera en tu.
S'acosta l'estiu.
Que tinguis un bon dia". R.

4 de mayo de 2016

MAR ADENTRO

Se me secan las ganas y se me moja la tinta.
Me pesa todo lo que no hice por miedo y me salen llagas de lo que ya no diré.
Hay que ser idiota para hacer lo correcto.
Vivir con prisa, vivir sin risa.
Vivir a medias.
Dejarme querer y doler.
Decir lo que está feo oír. Tocar lo que no gusta ver.
Correr hacia cualquier cosa que me devuelva el olor a noches de verano.
La calma, el mar, la paz.
Coger la desidia, meterla en una botella y verla flotar. Alejarse.
Meterme en un bote y verme flotar. Alejarme.
Mar adentro.
Hasta el horizonte.


Y más allá.



2 de mayo de 2016

ESTA VIDA

Esta vida te va a doler. Te arrancará la piel tantas veces que tendrás que aprender a hidratarla y mimarla con la esperanza de que no la vuelvan a quebrar.
Esta vida te va a mover, situándote en medio de todos los yo jamás y los quizás que tantas veces pronunciaste.
Esta vida te pondrá a mucha gente en el camino y te dejará sólo a las personas. A aquellas que te ofrecen más planes que recuerdos. Tus personas.
Esta vida se ensañará y te enseñará, haciéndote un poco más fuerte a cada golpe.
Esta vida te va a escocer, pero te enseñará a soplar lo justo para tomarla templada.
Esta vida es la mayor putada que te puede pasar.
Esta vida es la mejor putada que te puede pasar.

29 de diciembre de 2014

SOMOS LO QUE RECORDAMOS

Llegamos al mundo sin nada. Y nos vamos sin nada. Pero en el camino que queda entre un extremo y otro existen un millón de matices llamados recuerdos.
Llegamos al mundo sin nada y, apenas salimos de ese rincón tan calentito y confortable, nos encontramos con un par de cachetes que nos dan la bienvenida. Serán los primeros de muchos.
Todo está borroso, difuso. Pero entre todo ese caos, un sonido suave, dulce, cercano. Y una mano que siempre está juntos a nosotros: ella.
Nos salen los primeros dientes, tomamos la primera comida sólida, balbuceamos nuestras primeras palabras y damos nuestros primeros pasos. Todo empieza. Todo es nuevo.
Empezamos parvulario, primaria, secundaria y, sin saber cómo, estamos sentados junto a otras cien personas en una aula universitaria intentando averiguar qué queremos ser, dónde queremos ir. Y parece mentira que todo haya pasado tan deprisa. Parece mentira que nos hayamos soltado de la mano. Parece mentira que caminemos solos.
Y seguimos creciendo, conocemos a alguien, hacemos una promesa y de repente somos madres. Y abuelas. Y de repente tenemos más recuerdos que proyectos.  Y eso con suerte. Con la mejor de las suertes te puedes sentar en la mesa con tus hijos, tus nietos y toda esa legión que has formado y que es tu familia y contarles toda una vida. Y ellos ahí, quietos, atentos, sabiendo que algún día ellos harán lo mismo. Con suerte. Con mucha suerte.
Las personas mayores son las que más saben lo que significa ganar. Pero también perder. Llevan tantos años en el mundo que empiezan a igualar la cantidad de celebraciones y de despedidas. Saben lo que es perder a un padre, a una madre, a sus amigos. Saben lo que es despedirse porque lo han hecho ya demasiadas veces. Pero eso también es con suerte.
Porque a veces sucede que llegas a viejo y te despojan de todo tu patrimonio, que no es otra cosa que tus recuerdos. Lo que fuiste… lo que eres. Y de repente no te puedes sentar con tus nietos en la mesa a contar mil batallitas, simple y llanamente, porque no las recuerdas. Ni los lugares, ni los nombres, ni las voces, ni las caras. Y de todas las cosas que se pueden llegar a perder, esa es la peor. Porque somos lo que recordamos. Somos lo que contamos.
Sin saber cómo, vuelves a sentirte pequeño, desorientado, asustado, perdido… Y vuelves a buscar esa mano y esa voz dulce e inconfundible que ya no va a volver a susurrarte que todo irá bien. Que mamá está aquí.
Llegamos solos… y nos vamos solos. Y la verdadera fortuna es encontrar a alguien que nos haga sentir menos solos. Menos perdidos. Alguien que nos ame tanto que sea capaz de repetirnos la misma cosa millones de veces hasta que la comprendamos. Incluso si no la llegamos a comprender jamás. Alguien que nos sujete la mano hasta el último de nuestros días y nos susurre que todo irá bien. Aunque no sea cierto. 
Sobre todo cuando no sea cierto.

7 de mayo de 2014

De mí (sin ti)

Las palabras que un día compartimos ya son palabras de otros.
O quizás de nadie.
Quizás de todos.
Y en las paredes veo escrito todo lo que nunca seremos.
De haber sabido, quizás hubiésemos sido.
De haber podido, quizás hubiésemos huido.
Pero hoy ya es polvo. Hoy ya es lodo.
Y corro detrás de tu recuerdo como quien persigue al viento.
Como quien persigue un sueño.
Si despertase, te besaría.
Si despertases, te lucharía.
Pero hoy ya no somos.
Hoy ya eres otro.
Y yo sigo aquí…

Sin ti.

28 de noviembre de 2013

OJALÁ FUERA CIERTO

Me gusta buscarte entre la gente, sobre todo cuando hace frío.
Cuando hace frío, todo es más cálido, o al menos a mí me lo parece. Y es entonces cuando me empeño en reconocerte en cualquier gesto o aroma que me traiga el viento al cruzarme con cualquier desconocido.
 Te busco y me parece encontrarte. En esa mueca, en esa sonrisa esbozada. En esa mirada profunda que llega a rincones que no conocía y que acabo descubriendo.

Y de repente te pierdo, con esa nueva corriente de aire que llega sin previo aviso llevándose todo lo que me quedaba de ti. Y cierro los ojos fuerte, muy fuerte. Esperando volver a olerte, volver a sentirte. Y suspiro en silencio, derrotada por la evidencia y sólo se me ocurre gritarle al viento: “ojalá fuera cierto”.

1 de noviembre de 2013

LO ABSURDO DE VIVIR

Es una mezcla entre absurdo y contradictorio. Lo que hacemos los humanos, las personas, me refiero. Siempre haciendo planes que no vamos a llegar a hacer, llenando maletas con el doble de ropa de la que nos vamos a poner, conjurando mentalmente propósitos de año nuevo o haciendo promesas que sabemos que no vamos a cumplir.
Porque lo sabemos. Cuando prometes algo es como advertir de antemano que no lo vas a cumplir. Es una forma de auto convencimiento inútil porque quien sabe que va a hacer algo, no necesita prometer nada. Le basta con decirlo o hacerlo.

Pues lo mismo pasa con olvidar. Es algo que he intentado una y otra vez. Intentar olvidar es como cuando echas vaho en un cristal y luego escribes sobre él y queda la marca. El vaho se va, pero queda la señal. Los recuerdos se diluyen, se distorsionan, se vuelven turbios con el paso del tiempo. Pero siempre hay una huella, un pequeño destello que te recuerda que aquello vivido tuvo un sentido. Y que, por ello, sigue teniéndolo hoy.

15 de julio de 2013

DESMEMORIA Y OLVIDO

Es el miedo a la desmemoria lo que me lleva a contarte de mí, de ti. A mirarte como si fuese la última vez e incluso, a veces, como si fuese la primera.
Es el vértigo que me produce encontrar recuerdos esparcidos por toda la casa. Recuerdos que fueron momentos y que ahora aparecen, de repente, en cualquier cajón de mesita de noche.
Quisiera etiquetarlos, limpiarlos y ordenarlos para que se pareciesen a lo que fueron antes.
Y me esfuerzo en conservar lo que me queda de ti: tu voz, tu mirada, tu sonrisa.
Y me esfuerzo aún más en conservar tu historia y la nuestra. Para que cuando la olvides yo pueda contártela, en voz baja, antes de que te duermas. Y tú puedas recuperarla en sueños... y hacerla tuya para siempre.

14 de enero de 2013

ENCIENDE UNA LUZ

Ella trabajaba de noche y siempre hacía el mismo recorrido para volver a casa. Siempre a la misma hora. Menos ese día. Ese día se quedó a desayunar y llegó más tarde a casa. Como siempre hacía antes de irse a dormir, repasó los primeros titulares del día, pero uno le hizo detener el cursor: “muere una taxista de 31 años en un accidente”. En el mismo sitio por donde ella pasaba cada día, a la misma hora. 
Al día siguiente, volviendo a casa, se fijó en la esquina donde sucedió el accidente y vio un pequeño ramo de flores. Lo miró detenidamente mientras duró el semáforo en rojo. Y pensó lo que puede cambiarte la vida en un solo segundo, en un solo instante. El semáforo se puso en verde, arrancó, y siguió hacia su casa. La semana siguiente volvió a mirar esa esquina, esperando ver ese ramito de flores, un obsequio o un recuerdo. Pero no había nada, sólo un muro de piedra totalmente vacío. Y ella sintió pena. Porque existimos mientras alguien piensa en nosotros. Siempre había pensado eso. Pero de repente un taxi paró en doble fila y bajó un hombre del coche. Él empezó a correr hacia el otro lado de la calle, aprovechando que el semáforo estaba en rojo. Llevaba algo en sus manos. Se agachó, encendió una vela y la dejó en ese muro, en esa esquina. Ella suspiró, arrancó la moto y se fue a su casa. 


(Aún mira esa esquina cada vez que vuelve a casa).

29 de noviembre de 2012

CAJAS VACÍAS

Me acuerdo que cuando era pequeña soñaba con tener un espacio en el mundo. Un espacio mío, hecho por mí, que hablase de mí. Me imaginaba una pequeña oficina en una gran redacción con muchos bolígrafos de colores metidos en un bote de una forma bastante caótica (seguramente alguno destapado y seco). A la derecha de mi escritorio veía una foto como las de las películas, ese tipo de fotografías en las que todo el mundo sonríe, en las que todo el mundo es feliz (o al menos lo parece). Y seguramente también imaginaba un cuadro colgado en la pared, hecho por mi padre, a mi gusto, pintado especialmente para decorar esa pared. Como un trofeo.
Aunque parezca extraño me fascina cuando en las películas el jefe de turno grita: “¡Está usted despedida! Recoja sus cosas”. Lo cierto es que, de pequeña, nunca me visualicé en una de esas escenas. Pero si lo hubiese hecho, seguro que me hubiese imaginado abatida, desolada, recogiendo todas mis cosas de ese despacho
 o redacción y metiéndolas en una caja enorme. La foto, el cuadro, el bote de bolígrafos… Y un montón de cosas más que hacían que ese espacio fuese mío y de nadie más.
El caso es que pasa el tiempo, una se hace mayor y se da cuenta de lo distintas que son las cosas. Y si a crecer se le suma el hecho de vivir a la sombra de un monstruo llamado ‘crisis’, ni te cuento. Es entonces cuando piensas lo que desearías tener un trabajo del que pudiesen despedirte diciéndote aquello de ‘recoja sus cosas’. Pero lo más triste de todo es tener ese trabajo y no tener nada que recoger. Eso es lo que más pena me da… No tener nada para meter en una caja. Porque nuestro nombre ya no aparece en ninguna taquilla, ni tenemos tazas personalizadas ni nada que nos pertenezca. Porque realmente ese espacio nunca fue nuestro.
Y nos quedamos con poco más que nuestra ilusión. Y la ilusión no cabe en una caja de zapatos. Ni en ninguna otra.

19 de julio de 2012

SOBRE LA VOCACIÓN


O sobre cómo la vocación puede ser inversamente proporcional a la desilusión, la desidia y el hastío.
Siempre, de toda la vida, he mirado a la gente con vocación con ojos de admiración. Con esa clase de mirada que sólo se regala a quien se la merece. Se percibe enseguida pero de una manera muy sutil. Es tan gratificante ver a alguien con ese don… Porque es un don. No todo el mundo puede decir que tiene vocación. Que hace eso y no otra cosa porque es lo que siempre quiso hacer. Porque le llena. Porque se despierta cada día con una sonrisa. Y porque no le importa que su futuro sea de alquiler y que toda sus pertenencias quepan en un par de cajas. No le importa porque sonríe cada día, y no sólo a final de mes, como hacen la mayoría.
No entienden de horarios de oficina, ni de pagas extra, ni de grandes ovaciones por el trabajo realizado. Se bastan y contentan con el puro placer de poder hacer lo que más desean.
Es una especie protegida, porque ya casi no quedan. Están en peligro de extinción. Y no quedan porque no se les cuida. No se les protege como deberían. Es más, la gente los mira de reojo y con desconfianza, porque ‘con la que está cayendo’ uno no puede permitirse tener vocación. Sólo llegar a final de mes con algo que te satisfaga de momento, que te cubra las espaldas y tape este o aquel agujero de turno.
Lo que la gente no entiende es que las personas con vocación no lo son (somos) por elección. Y por supuesto que podemos trabajar de cualquier cosa. Todos lo hemos hecho y todos, ahora más que nunca, lo acabaremos haciendo.
Es algo parecido al amor. Y no digo al enamoramiento, que es pasajero y momentáneo. Hablo del AMOR. En mayúsculas. Esa sensación de no poder vivir sin la otra persona. De estar en otro lugar, rodeada de muchas personas… y sentirte sola. Sentir que te sobra gente y te falta aire. Puedes fingir que todo va bien, que no echas de menos con todas tus fuerzas a esa persona… Que no te acuerdas de ella con cada café por la mañana y cada vez que apagas la luz de la mesita de noche. Y puedes seguir llevando a cabo, más o menos, tu rutina más monótona. Ocultando la añoranza bajo algo de corrector en las ojeras y alguna copa de más.
Seguramente es un deporte de riesgo ser una soñadora con los tiempos que corren, con la que está cayendo y con la que se avecina. Pero para mí, como ya he dicho, la vocación es otro tipo de amor. Y como todos los amores del mundo, habidos y por haber, no entiende de condiciones, de peros, ni de por qués. Es, simplemente, incondicional. 
Que nos recorten todo… Menos la sonrisa. Y las ganas de sonreir.

6 de junio de 2012

BUSCANDO UN DESVÍO






Hay un día, ya verás, un día que es la hostia. Ese día todo es bueno. Ves a la gente que quieres ver, comes la comida que más te gusta y todo lo que te pasa ese día es lo que quieres que te pase. Si pones la radio la música que sale es tu canción favorita, si vas a la tele ese día a un concurso lo ganas todo: el dinero, los viajes... todo. Fíjate bien lo que te digo, todo. Pasa sólo una vez en la vida, por eso hay que estar muy atenta, no sea que se te pase. Es como un desvío. Como cuando vas por la carretera y hay un desvío hacia otro sitio pero a lo mejor vas hablando por el móvil o lo que sea y se te pasa. Y te jodiste, porque ya no puedes volver atrás. Pues ese día es lo mismo. Un desvío. Y es muy importante porque puedes elegir por donde va a seguir todo, si por ese camino que es nuevo o no. Por eso tenemos q estar muy atentas, muy atentas. Porque hay muy pocas cosas buenas. Y si encima se te pasan porque estás hablando por el móvil o pensando en otra cosa sería una mierda. Una mierda completa. 


PRINCESAS (2005). Fernando Leon de Aranoa.

4 de junio de 2012

MOMENTOS 'CLICK'

Momentos 'click'. O como fotografiar con la mente lo que no podemos con una máquina. No podemos y no debemos. Porque este tipo de fotografía 'mental' no tiene nada que ver con la convencional, la que precisa de una cámara.
Pasa pocas veces, de vez en cuando. Y sólo unos pocos son (somos) capaces de identificar este tipo de momentos. En adelante los llamaré 'momentos auténticos'. Aislados, alejados del bullicio urbano, de las prisas y los gritos. Demomenteamos absorbidos por la rutina más autómatica y sistemática. Despertar, trabajar, desayunar, comer y cenar. No importa el orden. Pero siempre lo mismo. Las mismas caras, los mismos horarios, las mismas costumbres. Y cada día coges un poco más de aire y te vas hinchando como un globo. Respiras pero te ahogas. Entre tanta prisa necesitas parar un momento. Sólo un momento para ver las cosas con distancia. Y cuando consigues parar, en otro sitio y a otra hora, marea. Demasiada información con demasiado poco tiempo para analizarla.
No sabes por qué pero sientes la necesidad de andar y cruzarte con gente nueva. Andar, pasear sin rumbo y encontrarte con gente nueva. Caras nuevas. Miradas nuevas que te vean por primera y, quizás, última vez. Y de repente, sin previo aviso, sucede. Una sonrisa, un gesto de alguien totalmente gratuito. Sin pretensiones. Sin esperar nada a cambio. Hay pocas sensaciones mejores que esa... Y tu mente hace 'click' y guarda ese momento para siempre. En ese bolsillo mental que guarda todas las cosas buenas que hace falta ir sacando poco a poco cuando vienen mal dadas.

En una de mis películas favoritas (de esas que ves una y otra vez y no te cansas, porque en cada visionado descubres algo nuevo) la protagonista dice que es 'experta en últimas miradas'. Y es cierto. Pocas cosas tienen más fuerza que una mirada. Puedes negar con palabras lo que tus ojos confirmarán. Y esas últimas miradas entran dentro de esos 'momentos auténticos'. De esos que se viven una vez y no sabes cuándo será la siguiente vez que te sucedan. Por eso cuando los sientes, cuando te entra un hormigueo por los dedos y una profunda sensación de felicidad, sabes que ha llegado. Y que es el momento de hacer ese 'click'. Porque ese click es lo que te atormentará pensando cuándo será la siguiente vez que lo percibas pero, a su vez, le dará sentido a la vida. A tu vida. Hasta que puedas volver a pulsar ese botón mental y hacer que ese momento sea tuyo para siempre.

24 de marzo de 2012

LA BÚSQUEDA


Desde que empezamos a perdernos no he dejado de buscarte; en el olor a café por la mañana, en mis pies fríos escondidos debajo de los tuyos y en ese cepillo de dientes que siempre estaba mal puesto. Desde que no nos vemos me maquillo de más y como de menos, pero encuentro todas las miradas menos la tuya...
Es curioso, no sé cuando empezamos a desencontrarnos. No sé en qué momento decidimos que el camino que trazamos juntos se bifurcase en dos, para irse multiplicando sin parar. Y no entiendo por qué decidiste tomar ese atajo, ese que te llevaba justo al otro lado de donde yo te esperaba.
Si preguntas, todo el mundo te dirá que no he dejado de buscarte. Y que desde que te busco, he empezado a perderme yo también. Me empiezo a hacer pequeña, frágil, ligera... tanto que cualquier día de lluvia se me puede llevar el viento. Quizás a tu lado. Quizás donde todo empezó a terminarse.
Desde que te busco y no te encuentro ya no silbo en la ducha, ni miro películas (y sabes que me encantaba envolverme contigo en la manta y fundirme hasta olvidarme de lo que estábamos viendo) y tampoco hago café en casa. Porque todavía tengo esa estúpida manía de hacer café para dos; con dos tazas, dos cucharitas y dos platitos. Qué absurdo.
Jorge Bucay en uno de sus libros escribió que 'un buscador es alguien que busca, no necesariamente alguien que encuentra. Tampoco es alguien que, necesariamente sabe lo que está buscando. Es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda'. Pero yo sí sé lo que busco. Busco todo lo que podríamos haber sido si no te hubieras ido de puntillas, en silencio y sin pegar un portazo. Sin excusas, sin arrepentimientos, sin mentiras.
Pero ahora, con este Sol que anuncia que ya está aquí la primavera, dejaré de buscarte. Olvidaré todo lo que fuimos para intentar recordar quién era yo antes de que fuésemos 'tú y yo'.
Porque esa es la auténtica búsqueda. La única que merece la pena. Buscarte a ti mismo sin parar y, el día que te encuentres, te mires al espejo y te reconozcas en ese reflejo. Ese día la búsqueda habrá terminado. Te habrás encontrado y ya nunca más encontrarás una búsqueda que merezca tanto la pena...

6 de marzo de 2012

THE ARTIST

"Es un peliculón", "se tiene que llevar todos los Oscar", "es una obra maestra"... Estas son sólo algunas de las cosas que oí decir acerca de esta película; 'The artist'. Y resulta que, aunque suene retrógrado, carca e incluso cateto, a mi no me cuadraban todas esas afirmaciones con película muda y en blanco y negro de algo más de dos horas de duración. Sí. Realmente me mostraba bastante reticente a ver 'The artist', pese a la buena crítica que estaba teniendo. Pero la oportunidad vino a raíz del programa en el que trabajo (La nit de l'ornitorinc - ABC Punto Radio) ya que decidimos hacer un especial de la Gala de los Oscars, retransmitiéndolo en directo. Así que esa misma noche, pocas horas antes de la gala, me puse manos a la obra. Y, una vez vista, debo decir que todos los halagos y piropos, a mi parecer, se quedaron cortos.
Resumiendo a grandes rasgos (para evitar spoilear a los que lean esto y aún no la hayan visto) The Artist explica la historia de un actor de cine mudo que está en la cima de su carrera; guapo, atractivo, famoso, adinerado y felizmente casado. Y justo cuando parece que nada se pueda torcer, que sólo puede seguir subiendo y subiendo, pasa algo. Un choque, un encuentro fortuito con una totalmente desconocida Peppy Miller hace que aparezcan juntos en todas las portadas con el titular 'Who's that girl?'. Es justo aquí donde la historia da un giro de 360º. Y hasta aquí puedo leer.
Esta película me parece auténtica poesía y metáfora. Habla sobre cómo de inestable puede ser la vida, la suerte, el dinero... todo. Cuenta cómo un día puedes estar en lo más alto, y otro caer estrepitosamente y sin paracaídas. Además, muestra lo importante que es ser generoso, humilde e intentar ayudar a los demás. De hecho, para mí la tesis principal de esta película o su lema es la expresión latina 'quid pro quo', que significa 'una cosa por la otra'. Una especie de 'tanto doy, tanto me darán'. Y en la película esta expresión adquiere un cariz karmático, en el sentido que refleja a la perfección aquella creencia que aquello que siembres es aquello que recojerás. Y por si fuese poco todo esto se cuenta sin sonido, sin voz. Y la verdad es que no es nada necesario. Porque las imágenes tienen tanta fuerza, dicen tanto, que la voz lo estropearía. Es la demostración que sin palabras también se pueden decir muchas cosas. Muchísimas. Incluso a veces más que con palabras. Y el color no se echa de menos porque el blanco y negro le da un toque romántico que encaja perfectamente con la historia.
Si creéis en las casualidades y en la cantidad de vueltas que puede dar la vida... The Artist es un buen ejemplo. La muestra de que todas las críticas tenían razón es que se llevó los 5 Oscars más importantes: mejor película, mejor director, mejor actor principal, mejor banda sonora y mejor vestuario.

28 de enero de 2012

ESPERANDO LA NOVELA DE MI VIDA

De todos los pensadores y filósofos que he estudiado, sin duda el que más me apasiona es Zygmunt Baumann. No sé si es por su manera de ver la vida, tan clara y sencilla o por cómo la cuenta. Cualquier persona que sepa un poquito de este filósofo polaco a estas alturas ya se habrá dado cuenta que me fascina hasta tal punto que ha dado nombre a este blog: 'Momentos líquidos'.

Según Bauman, en esta 'modernidad líquida' "la felicidad se ha transformado en un deseo individual. En una búsqueda activa más que en una circunstancia estable. Porque si la felicidad puede ser un estado, sólo puede ser un estado de excitación espoleado por la insatisfacción. El exceso en los bienes de consumo nunca será suficiente".

Estoy de acuerdo. En todo. Para mí la felicidad se resume a momentos puntuales. A pequeños momentos que son muy grandes. Pero en tanto que son momentos, tienen que tener un principio y un fin. Porque si no hay lado malo, ¿cómo podemos distinguirlo cuando algo es realmente bueno? Algo es bueno o malo por 'comparación con'. Y me gusta el concepto 'momentos líquidos' porque se refiere a lo rápido que se escurren, lo mucho que gotean y se escurren, sin que apenas nos demos cuenta.

Otro síntoma que delata que soy fiel díscipulo de Bauman es que sólo me manejo bien en relatos cortos. Y me gusta que así sea. Me encantan los puntos y seguido y me aterrorizan los puntos y aparte. Porque cuando coloco un punto y seguido siempre sé perfectamente lo que viene a continuación, es una idea estrechamente ligada a lo dicho anteriormente. Pero cuando coloco un punto y aparte... es como otra historia. Otro escenario. Y normalmente no sé bien qué decir. Porque no se me da bien. O porque me da miedo... o respeto. O las dos cosas.

Escribo igual que vivo. Nunca o prácticamente nunca hago planes. ¿Para qué? Si quizás no los pueda hacer por mil y un contratiempos. Me gusta vivir sobre la marcha y disfrutar de los pequeños momentos que te ofrece la vida; tomarme un buen café, la sensación del Sol en la cara, una noche de luna llena, un paseo por la playa... Para mí la felicidad se reduce a momentos puntuales. Y es el recuerdo de esos momentos puntuales los que te hacen seguir adelante cuando la cosa se tuerce.

Hace unos días me acordaba de una de mis películas favoritas: Los amantes del círculo polar. En esa película de Medem todo gira alrededor de las casualidades y yo, como Ana (la protagonista de la película), "estoy esperando la casualidad de mi vida, la más grande".

Así que todo esto me lleva a decir que estoy esperando la novela de mi vida. Quizás, algún día, deje de sentir vértigo cuando llegue al filo de un punto y aparte y me coja el pánico de la hoja en blanco o del día siguiente.

De momento me siento más cómoda con los relatos cortos. Pero voy a esperar todo el tiempo que haga falta. Estoy esperando la novela de mi vida. La más grande. Y eso que las he tenido de muchas clases... Sí. Podría contar mi vida uniendo casualidades.

31 de diciembre de 2011

Feliz, gracias, más... por favor.

Este 2011 se resume en una sola palabra: cambios. Cambios, cambios y más cambios. El 2011 ha sido para mí como una montaña rusa, pero a lo bestia.

Ha tenido grandes subidas y bajones de vértigo. Podemos decir que ha sido mi bautizo laboral desde que acabé la carrera. Y no ha sido fácil... nada fácil.

Pero en todo momento si algo no me ha faltado es ilusión; ilusión por aprender, por ver más que mirar y por acumular experiencias y poder contarlas.

He tenido 5 trabajos distintos en un solo año: empecé en Teatralnet, donde aprendí lo que cuesta levantar un medio de comunicación con muchas ganas y pocos medios. Aprendí que, a veces, menos es más.

Mi trabajo en la revista lo alterné con el No són hores en Onda Cero y ahí descubrí la magia de la radio y todo lo que la envuelve. (Gracias por darme esa gran oportunidad, Marc y Carlos, después de esa vinieron todas las demás).

De allí pasé al Fem l'agost, también en Onda Cero. Con los 'agusteros' aprendí a hablar en directo y que a veces currar es sinónimo de pasarlo en grande.

Ahora, una vez a la semana hablo en El matí i la mare que el va parir, en Flaixbac, donde aterricé casi de casualidad y enseguida le cogí el gustillo de alargar la noche a ritmo de despertador y buen rollo.

Y todos los días (o más bien todas las noches) estoy en ABC Punto Radio haciendo el ornitorrinco. (Esta experiencia además ha supuesto un cambio considerable de horario). Con los ornitorrincos, además de aprender día a día, he conseguido algo impagable: una segunda familia. Amigos más que compañeros. Ladrones de sonrisas y carcajadas.

Otro gran cambio fuiste tú, que en marzo cambiaste de trabajo y de casa. Aún así, cada día te tengo más cerca. Valiente. Gracias por hacer que, a pesar de todo, nada cambie.

Y en cuanto a amigos y família ningún cambio y deseo que siga siendo así. Porque este capítulo de mi vida no puede ser más perfecto.

2012, por favor, complícame la vida igual o más que este 2011... Encontraré la manera de poner un poco de orden en tanto caos. Siempre lo hago. Y un GRACIAS enorme a todos los que, a pesar de la letra pequeña, me hacéis sentir tan inmensamente afortunada. Ahora sí... FELIZ 2012*

26 de septiembre de 2011

SOBRE SER O NO SER (IMPRESCINDIBLE)

Al final todo en la vida se resume en eso.
A la eterna duda de Hamlet ("Ser o no ser, esa es la cuestión") le faltaba una coletilla final. Una de esas palabras que pueden no significar nada o significarlo todo. Uno de esos motes o palabros que determinan el sentido de una frase. Y en este caso es, nada más y nada menos, que la palabra IMPRESCINDIBLE.
Normalmente no uso palabras con prefijos ni con negaciones al principio. No me gustan. Soy más de expresiones simples y directas. Pero esta palabra me parece especialmente curiosa. IM-PRESCINDIBLE. Si lo piensas... ¿cuántas cosas hay en tu vida que sean imprescindibles? Es decir, ¿de cuántas cosas serías incapaz de desprenderte, soltarlas y abandonarlas para siempre? Pocas, seguro que muy pocas. Porque vivimos y bebemos de la cultura del 'de momento' y del 'aquí y ahora'. Pero si incluso nos hemos inventado un concepto llamado 'obsolescencia programada' que hace referencia a la fabricación de objetos con un período de vida determinado. O sea, lo hago, construyo o fabrico y lo programo con fecha de caducidad, para que X día deje de funcionar y tenga que ser sustituido por otro. Comprar, usar y tirar. Y cambiar por otro. Y pagar de nuevo por ese "otro".
Y luego están las modas. Modas de todo tipo. Por ejemplo en la ropa: te compras un vestido estupendo y que encima te cuesta un dinero importante. Te lo pones, lo luces y piensas que has hecho una gran compra. Pero conforme pasa el tiempo se va quedando anticuado quedando al fondo del armario hasta que, cuando pasa la moda, lo tiras o lo das y los sustituyes por otro que, a su vez, también pasará de moda.
Con tantos y tantos inputs que apuntan que todo es temporal, que caduca y muere, y es sustituído por otro, parece imposible pensar que algo pueda ser imprescindible.
Pero yo a la duda de Hamlet le añadiría esta palabra. Y su pesada e inconclusa duda quedaría en "Ser o no ser IMPRESCINDIBLE, esa es la cuestión".
Porque si eres imprescindible en tu grupo de amigos y tu familia, te crea una sensación de bienestar, de autenticidad, de ser único e irrepetible y te sientes confortado. Especial.
Y si eres imprescindible en tu profesión, te valoran porque nadie es ni será capaz de hacer el trabajo que tú haces. O no del mismo modo. Y entonces te pagan (mucho) por ello.
Y si no lo eres, no pasa nada. Alguien ocupará tu lugar y se encargará de serlo. Al fin y al cabo, ¿qué es la vida si no una eterna lucha por conseguir ser imprescindible?