En realidad creo que no somos tan diferentes. Las personas, quiero decir. De hecho, creo que sólo hay dos tipos de personas: los que se atreven y los que no. Y esto siempre ha sido así, desde que el mundo es mundo.Hay esa clase de gente que lleva una vida que podríamos llamar contemplativa. Es decir, mira, observa, analiza y comenta. Pero hacer, no hace nada. Eso sí, se queja continuamente. Esa una manera de ver o hacer las cosas muy respetable y ojo, tiene sus ventajas. Como se limita a contemplar, no se la juega. Por tanto, ni pierde, ni sufre, ni fracasa. Sólo ve pasar un barco lleno de luces, de gente, de fiesta, de lujos. Y se repite una y otra vez lo afortunados que son aquellos que van a bordo y lo mal repartido que está el mundo. Que qué suerte. Y mientras, allí siguen sentados... mirando con nostalgia cómo se aleja el barco, cómo se apagan las luces y cómo la música es sólo un susurro. Allí siguen, serenos.
"Hay dos clases de personas: los que contemplan y los que se arriesgan"
Después hay otro tipo de personas. Unos seres extraños y en vías de extinción. Un pequeño colectivo que decide coger las riendas y no conformarse con mirar ese barco a lo lejos. Son los que ven pasar el barco y dicen: "yo quiero estar allí y voy a conseguirlo". Luchan y luchan porque tienen dos motivos enormes para hacerlo: una meta y una ilusión. Y corren por tierra detrás de ese barco las horas que haga falta. Y nadan las millas necesarias, con frío o calor, para llegar a su destino. Y quizás no lo consiguen, quizás fracasan. Pero seguro que no se sientan en la orilla, quejándose y lamentándose continuamente, mal diciendo su suerte. Seguro que no se quedan sentados, viendo cómo el barco se aleja y ellos continúan en tierra. Seguro que no se preguntan: "Y si lo hubiese intentado?"
Rhonda Byrne habla de "el secreto". El secreto, dice Byrne, es la ley de la atracción. Esta autora asegura que los pensamientos positivos atraen riqueza, salud, felicidad y relaciones. No sé si más allá de ser un libro de auto ayuda, tiene algo de cierto. Lo que sí es evidente es que todo sale mucho mejor con algo de optimismo, ganas e ilusión. Porque no hay nada que se consiga sin esfuerzo. Y si lo hay, no merece la pena.
¿Qué es la vida si no saltar obstáculos e intentar alcanzar metas?
Yo, como mínimo, elijo subirme a ese barco. Donde me lleve la marea...
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