
Hace unos días cumplí 20 más uno. Cuando iba al colegio recuerdo que era un día muy esperado, era TU día; ese día todo el mundo te saludaba, te sonreía y te felicitaba, incluso se hacía algo especial en clase. Una semana antes del "gran día" ya te habías encargado de comprar algún "detallito" para tus compañeros de clase y una tarjeta de invitación de cumpleaños. Ese día recuerdo que duraba muchísimo, y no precisamente porque fuese pesado, sinó porque hacías tantísimas cosas y te lo pasabas tan bien que no querias que ese día terminara nunca.
De eso ya hace mucho, ahora el día de tu cumpleaños es sólo un día más. Otro día de prisas, de agobios, de todo un poco. Y ya no te da la sensación que ese día dure mucho, todo lo contrario. Tampoco preparas ese día con una semana de antelación, ni esperas grandes cosas. Porque sabes que el día de tu cumpleaños no es el día en que naciste, no cumples X años un día en concreto, porque el tiempo no para, ni para bien ni para mal. Cada segundo, cada minuto, cada hora, cada día eres un poco más mayor. Ese día me recordó que llevo 20 + 1 años en el mundo y que eso es lo único que tengo seguro. Que en ese tiempo he vivido muchas cosas (o muy pocas, según se mire) y que no me he dado ni cuenta. Este día también sirve para ver lo que eres capaz de perder y ganar en un año (365 días) y hacer todo tipo de propósitos sobre como recuperar lo perdido o decidir dejarlo escapar para siempre. También es un día con sorpresas (buenas y malas) en que gente con la que hace tiempo que has perdido el contacto te recuerda que sigue estando allí y gente que esperas que no falle, falla.
Pero hoy, 23 de marzo, sólo sé que tengo 21 años y 11 días y que cuánto más crezco, menos sé, y cuánto más sé, más preguntas me hago...
No hay comentarios:
Publicar un comentario